jueves, 1 de mayo de 2008

"Querida Martita" (part. I)

Presentado al V Certamen Literario María Teresa López, Asociación 8 de Marzo.

Llevaba una semana despertándome cada mañana sobresaltada. Pa-saba las noches enteras con pesadillas que empezaban a angustiar-me. En ellas era pequeña y sentía miedo. Se escuchaban ruidos en la habitación de mis padres, alguien estaba tirando al suelo y a las paredes objetos, rompiendo cristales. Me escondía debajo de la cama. Poco después pasaba mi madre por el pasillo corriendo y pidiendo auxilio. Y unos pasos detrás de ella mi padre. Los ruidos continuaban. Cuando todo volvía a la calma salía de mi habitación y me dirigía a la cocina. Allí, tirada en el suelo, encontraba a mi madre ensangrentada y junto a ella un cuchillo. Comenzaba a llorar y a gritar y me despertaba con lágrimas en los ojos.
Me senté en el borde de la cama, respiré hondo y cogí fuerzas para levantarme. Fui al baño a lavarme la cara, a ver si así conseguía despejarme. Apenas tenía aliento. La imagen de mi madre se me había clavado en la mente. Me miré al espejo y una especie de visión se reflejaba. Mi cara estaba pálida y arrugada. Como si una anciana hubiese robado mi alma. Me agaché llevándome las manos a la cara y de nuevo me miré al espejo. La visión había desaparecido.
Mis planes eran arreglar la casa y dar un paseo hasta el mercado, pero justo antes de comenzar a vestirme sonó el telefonillo. El cartero traía un paquete para mí. Una caja llena de cartas dirigidas a mi madre de un tal Fernando Galán y otras tantas que posiblemen-te las contestaban. Junto a ellas un diario negro, desgastado, en cuya tapa se leía “Esta es mi vida, aquella que robaron y que nunca podré recuperar” y un sobre con mi nombre. Lo abrí y leí la carta que contenía.

“Querida Marta:
Te escribo a ti porque sé que eres la única persona que aún se sigue preocupando por tu madre. Sé que la echas mucho de menos, que vagas por las calles viendo su rostro en cada mujer que pasa a tu lado, que escuchas aún su voz por las noches. A mí también me pasa. Cada día pienso en ella.
Sé que nadie te ha hablado de mí. He procurado mantenerme en la distancia, pero creo que ya es hora de que me conozcas. Llevo años observándote de lejos, he visto como has crecido, que te has convertido en toda una mujer, en el vivo retrato de tu madre.
Te envío en esta caja todas las cartas que tu madre me envió y las que yo le mandé pero no fueron leídas, así conocerás su verdadera vida. Lo primero que te pido es que leas su diario, quizás te parezca un poco aburrido, pero cambiarás de idea porque es lo que estás buscando desde hace años.
Me despido, no sin antes decirte que pronto tendrás más noticias mías.
Con mucho cariño para mi Martita. Cuídate.”